Hoy, 20 de enero del 2017, se ha sentado en la silla presidencial del país más poderoso del mundo (aunque los proChina digan lo contrario) un tipo controversial, millonario, con ideas radicales, con actitudes retadoras y con la misión de hacer grande de nuevo a los Estados Unidos.

Donald Trump

En México, este proceso electoral estadounidense nos ha dado mucho de qué hablar. No podemos evitarlo, ya que el ahora POTUS utilizó a México como parte de su plataforma electoral, generando entre los americanos sentimientos nacionalistas importantes, y dejando “mal parado” a México (o eso es lo que él cree). Ante estos “ataques” el gobierno mexicano ha respondido con severidad, tacto, profesionalismo y diplomacia. Estas cualidades estadistas darán sus frutos en el corto plazo, generando relaciones diplomáticas profesionales adecuadas para ambos países buscando siempre el beneficio mutuo.

Muchos mexicanos (y otros que se dicen ser prolatinos como Jorge Ramos, periodista que continuamente atacó a Trump y a Peña, supuestamente haciéndole frente al “tipo malo” cuando no hizo más que el trabajo para el que fue contratado, ayudar en la campaña del magnate) clamaban con fervor que el gobierno mexicano debía ser enérgico, que debía haber respuestas contundentes y agresivas, que se debía establecer el dicho de “si me pegan debo pegar más fuerte”, temerosos ante la “gran tragedia” de que llegara este personaje a la Casa Blanca.

Trump ya llegó y no hay apocalipsis. Estados Unidos es muy grande, poderoso y fuerte. México es un país clave en el desarrollo económico de Estados Unidos. Dijo Trump en uno de sus  discursos que Estados Unidos ya era grande antes del TLC, y sí, pero México también, e históricamente los países han estado juntos en materia de desarrollo, migración, empleo, mercado, seguridad, y otros muchos temas que dos vecinos tienen que compartir para poder avanzar cada uno hacia su objetivo.

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No se van a ir las fábricas de México. Recordemos que si bien mucha industria estadounidense fabríca en México, no toda la producción es para Estados Unidos, sino que va para diversas regiones del mundo, como lo es Centro y Sur América, Europa o Asia. Para estas empresas mover la producción a Estados Unidos de artículos que no se van a vender en tierras americanas es un suicidio comercial.

No provoquemos temor, no nos dejemos llevar por la información catastrófica que proclaman aquellos levantan la voz presumiendo valentía. El desarrollo mexicano está en pie y más fuerte que nunca.

Proclamar catástrofes es más fácil que prometer bienestar. Destruir es más fácil que construir. No dejemos que quienes gritan ante el miedo destruyan lo que se ha construido con el esfuerzo de todos los mexicanos.

Por: Enrique Escamilla

@escamilla2000