Los problemas del negocio familiar

Por: Enrique Escamilla

El tema que tengo hoy es sumamente interesante porque no sólo te voy a platicar de negocios, si no que vamos a tratar el tema de negocios pero con algo más: Negocios Familiares.

Hace un par de días realicé un taller online donde muchísimas personas se conectaron conmigo para platicar sobre este tema y estuvo súper interesante, porque no solo platicamos acerca del negocio sino del tema de la familia. Esto es muy diferente porque la importancia radica en que los negocios son fríos y hay que recordar que los negocios son fríos porque al final de cuenta los negocios se manejan a través de números y los números no tienen sentimientos, los números no tienen celos, los números no tienen conflictos, a los números no les importa nada, pero cuando lo mezclamos con el tema familiar, entonces  empieza a entrar una cantidad de temas que si no son bien manejados, lastiman al negocio.

Entonces surge una pregunta, que hace reflexionar si los negocios familiares son mejores que los negocios no familiares o viceversa. Creo que no es un tema generalizado, ya que depende del enfoque o la posición que tomes. El factor principal es cómo pasar correctamente de la empresa familiar a crear una verdadera familia empresaria.

El objetivo debe ser la búsqueda de una verdadera independencia, en donde el empresario o los dueños de la empresa se puedan poner y cambiar de “cachucha” correctamente. Con esto me refiero que tienes que ser uno en la empresa y otro en la familia. Mezclar es explosivo.  

Hay una historia de una persona, hijo de empresario que trabaja en el negocio familiar, que estudió mercadotecnia y asume la gerencia de ventas de la empresa, siendo el papá el director del negocio. Un día el papá se da cuenta que las ventas no están subiendo y habla con el hijo.  El hijo, enfrentando a su padre, le dice que él está poniendo todo su esfuerzo y que está trabajando mucho, con total interés de mejorar la compañía. El papá le dice que entiende, sin embargo el resultado no se está alcanzando.

Aquí es donde si los familiares, en este caso padre e hijo, no tienen la “cachucha” bien puesta como director y gerente de ventas de la empresa, las cosas van a fracasar. Porque desde un punto de vista familiar, el padre puede ser comprensivo, pero como director tendría que emitir un lineamiento muy claro que puede ser culminado con el despido del hijo.

Si no se tiene  bien clara cuál es la posición de cada quién en el momento preciso, empiezan esas dificultades, ya que la decisión puede cambiar mucho dependiendo de con qué “cachucha” actúes.

¿Deben los hijos trabajar con los padres? Esta pregunta es muy común y también sucede a la inversa en algunas empresas que fundan los hijos y le dan trabajo a los papás. Lo que se tiene que tener claro es que la empresa la deben manejar las personas más preparadas, incluso más que los dueños, para conseguir resultados y evitar ese tipo de problemas.

Sin embargo esto suena más sencillo de lo que en realidad es. Esto es porque en el esquema más común, los padres, en general, construyeron las empresas desde abajo, con el sudor de su frente como se dice coloquialmente, y es difícil soltar eso porque se está hablando del patrimonio de la familia, de todo lo que se ha hecho por los hijos.

Creo que es momento de cambiar la forma en que se ven los negocios familiares y hacerlo requiere mucha atención para tomar la decisión de tener una clara separación entre la empresa y la familia.

Uno de los temas que también es muy común en el tema de empresa familiar, es que los padres o la primera generación tienen muchos más conocimientos que los hijos desde el nacimiento de la segunda generación, por eso es que cuando los hijos ya son grandes, estudiados y tienen voz propia se genera una tensión donde los padres tienen que empezar a aceptar que la curva de aprendizaje entre el padre y el hijo se está haciendo cada vez más cerrada. Ante esto una reacción natural de los padres es desacreditar las acciones del hijo, en un semblante de no perder el poder que se ha mantenido toda la vida.

Lo más grave de esto es cuando se genera constantemente un complejo de desconfianza e inferioridad en los hijos de los empresarios, y estos son limitados en sus capacidades para alcanzar su máximo potencial.

Dicho todo lo anterior, considero que la mejor forma para que los empresarios de segunda generación puedan cambiar estas dificultades por resultados es a través del entrenamiento para empresarios.

Déjame tu comentario, me interesa saber tu opinión.

¡Animo empresario!

Enrique Escamilla Cantú es un profesional de los negocios con más de 20 años de experiencia en negocios internacionales, articulista, escritor de libros, conferencista y mentor empresarial. Ha ayudado a decenas de empresarios a cambiar la forma en que ven los negocios. Si quieres saber más visita: enriqueescamillaonline.com o sígueme en facebook.com/domiinagroup



Categorías:empresarios de segunda generación, empresas familiares, Negocios, negocios familiares

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