Por: Enrique Escamilla

Queda poco tiempo para la elección presidencial y el panorama tiene tintes muy interesantes que definirán el rumbo de México hacia el futuro. Las características opuestas de los candidatos en diversas materias de estudio público, generan entre la población intrigas que deberán resolver antes de emitir su voto.

Más allá de los discursos populistas, los mexicanos debemos ver hacia el futuro progresista del país. El trabajo que se ha hecho en este sexenio, donde se instalaron reformas prioritarias para el desarrollo nacional, deben seguir su curso. Dar marcha atrás a todo lo que se ha conseguido sería un fatal error que pudiera llevar a México muchos años hacia atrás en materia de desarrollo y bienestar social.

Las propuestas del hasta hoy puntero en las encuestas (es importante apuntar que las encuestas no definen el ganador) parecieran sacadas de una novela más que de un texto de políticas públicas. La voracidad que tiene el candidato de Morena por prometer todo sin tener un plan concreto de nación, y su incapacidad por debatir adecuadamente con las diferentes corrientes políticas, lo han posicionado altamente en las encuestas, pero cada vez con menor aceptación entre la sociedad.

Estas confrontas contra todo aquel que esté en una posición política distinta a la de él, lo hacen ver como un egoísta que busca el poder a toda costa. Lo que expresa no tiene otro sentido mas que decir que lo que él hace está bien y lo que hacen todos los demás está mal. Adicional a esto, utiliza insultos y mentiras para crear imagen negativa de sus adversarios.

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Por su parte, el candidato más preparado y con más experiencia en el servicio público, José Antonio Meade, ha llevado una campaña ejemplar, proponiendo acciones claras y concretas a los problemas que la nación tiene. Bajo un expediente intachable, el hoy candidato que está subiendo más rápidamente en el gusto ciudadano, ha mostrado que su capacidad de estadista es amplia y suficiente para llevar a México al siguiente nivel de progreso.

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Los candidatos de menor arraigo en la población son el representante del PAN y el independiente. Estos candidatos han llevado campañas sobrias con algunos sobresaltos mediáticos, sin haber generado la aceptación necesaria para poder tener posibilidades de ganar.

Hoy la competencia es de dos candidatos con tendencias completamente opuestas. Uno ve hacia atrás, queriendo mágicamente arreglar todo solo con su palabra. El otro es un profesional preparado que busca el desarrollo de México hacia el futuro.

La reversa también es cambio. Cambiar por algo que no funciona, solo por que lo actual no me complace, es el peor error que un país puede cometer. La inercia para mover un país es muy difícil de generar, y por muchos años se ha puesto en marcha el impulso necesario para avanzar. Poner un freno hoy, sería tirar a la basura el esfuerzo de millones de mexicanos que han trabajado por mucho tiempo para mover a este país hacia adelante.

Pensar bien el voto es una responsabilidad ciudadana. Ejercerlo, pensando en el bienestar nacional a corto, mediano y largo plazo, debe ser una prioridad de los ciudadanos que queremos un mejor país.

Vota consciente, no te dejes engañar por quien promete que solo con su voz mejorará el país mágicamente.

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