Por: Enrique Escamilla

El pasado 4 de junio los coahuilenses se volcaron a las urnas para elegir gobernador, alcaldes y diputados locales. La participación fue amplia y las preferencias cerradas entre los dos candidatos punteros a la gubernatura de las coaliciones de los partidos PRI y PAN.

Después de una larga campaña, donde se dijeron de todo, los candidatos acataron el periodo de silencio para esperar con ansia el resultado electoral. Sin duda el más sonado es el triunfo de Miguel Riquelme como gobernador, que ha desatado una serie de actitudes adversas por parte de los candidatos perdedores. Pero el resultado es claro, más de 480 mil coahuilenses eligieron y votaron a quien será el próximo gobernador de Coahuila.

La oposición se nota descontenta, incluso realizaron una marcha que llamaron “por la dignidad”, cuando la dignidad debe estar contenida primeramente en la aceptación de los resultados electorales, en respetar las instituciones, en buscar la alianza para que el próximo gobierno sea próspero y benéfico para los coahuilenses, en poner a un lado los intereses personales y procurar el bienestar del estado.

La capital del estado será presidida por Manolo Jiménez, quien con una buena cantidad de votos, se separó notablemente de su más cercana competidora panista. Esperemos que esta nueva administración de nuevos bríos a la ciudad que, por decir lo menos, ha pasado un periodo de estancamiento.

En el caso de las diputaciones el resultado fue dividido, prácticamente el congreso contará con la mitad de los diputados emanados de entre los candidatos de las coaliciones panistas y la otra mitad de los candidatos de las coaliciones priistas. Este ejercicio democratico ha permitido que por primera vez en Coahuila el PRI no sea mayoría en el congreso (de eso no se quejan los “dignos”).

Los hervores de la campaña han terminado, fueron contiendas duras y complicadas, sin embargo es hora de sanar heridas y trabajar por Coahuila. Este gran estado que se levanta con el trabajo de la gente, que tiene sus bases en la revolución y en el desarrollo. Fuera intereses y ambiciones personales, el bienestar social debe ser la prioridad número uno.

En el último semestre de la administración de Rubén Moreira, los resultados están a la vista. El reto para el gobernador electo será superar los números positivos que deja una administración de trabajo, transparente, con objetivos claros y metas cumplidas.

@escamilla2000